martes, 20 de abril de 2010

El sana las enfermedades, limpia los corazones (El Señor es el manantial de vida donde podemos lavar nuestros pecados)




Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve. Salmo 51:7, 3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4 Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. 5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. 6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Juan 9:3-7.

En las Sagradas Escrituras hay muchos ejemplos de milagros. Al rededor de toda la Biblia se ven milagros hacerse. La obras de Dios pueden ser hechas manifiestas en nosotros, solo tenemos que tener conocimiento de su amor, que cuando veamos a alguien en desgracia, no te burles de el, mejor dale una palabra de aliento. Cristo no hizo distinción de ricos o pobres, no hizo distinción de blancos o negros, no hizo distinción de grande o pequeño, ni hizo distinción de hombre o mujer, Jesús fue, con todos, el mismo. Pero como hijos de Dios ¿somos semejantes a El?.

¿Como estamos caminando?, ¿que haces cuando ves a alguien caído?... Dios nos mando a su hijo a morir por nuestros pecados, tenemos el conocimiento de esta gran verdad, pero hay muchas personas que no conocen la verdad de la muerte del Cordero Inmolado, el cordero sin mancha, debemos ir y predicar, porque el tiempo se acerca y él cordero esta por llegar, muchos se perderán, pero debemos hacer que nadie se pierda porque para eso fuimos llamados.

La gran comisión:
Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Mateo 28:19-20

No hagamos oídos sordos a lo que Dios nos ha llamado, nos ha llamado a llevarle su palabra a aquellos que no la conocen, llevarle a aquellas personas que no han tenido una cercanía con El la sana doctrina que el nos da. Debemos hacer lo que Dios demanda, para asi ser verdaderos adoradores y verdaderos hijos de su promesa.





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